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EEAA#2 ¿Pueden nuestras sociedades renunciar a la religión?

Comencemos por lo más fácil:

Dios, por definición, nos sobrepasa.

Las religiones, no.


Estas son humanas, muy humanas dirían algunos, y como tal accesibles al conocimiento y a la crítica. Dios, si existe, es trascendental. Las religiones hacen parte de la historia, de la sociedad, del mundo (ellas son inmanentes). Dios tiene una reputación de perfecto. Ninguna religión sabría ser perfecta. La existencia de Dios es dudosa (va a ser el objeto del tercer artículo). la existencia de las religiones, por el contrario, no es dudosa. Los cuestionamientos que se hacen, a propósito de estas últimas, son menos ontológicas qué sociológicas o existenciales, no se trata de saber si las religiones existen (a veces da la impresión que existen mucho), sino lo que son, y si podemos renunciar a ello. Pero, no podemos responder sin abordar otra gran pregunta ¿Qué es una religión?

¿Qué es una religión? 

la noción es tan grande tan basta tan heterogénea, qué es difícil de dar una definición totalmente satisfactoria. ¿Qué hay en común entre el chamanismo y el budismo, entre el animismo y el judaísmo, entre el taoísmo y el islam, entre el confucianismo y el cristianismo? Quizás ¿tendríamos miedo de utilizar la misma palabra “religión “en todos estos casos? No estoy lejos de pensarlo. Muchas de estas creencias, notablemente orientales, me parecen constituir una mezcla de espiritualidad, de moral y de filosofía, más que una religión en el sentido qué nosotros tomamos ordinariamente la palabra en occidente. Ellas portan menos sobre Dios que sobre el hombre o sobre la naturaleza. Ellas relevan menos de la fe qué de la meditación, sus prácticas son menos gritos qué ejercicios o exigencias, sus adeptos forman menos iglesias qué escuelas de vida o de sabiduría. Es el caso especialmente cuando hablamos del budismo, del taoísmo o del confucianismo, por lo menos en su forma pura o purificada, quiero decir independientemente de las supersticiones, que en todo país, vienen a adjuntarse al cuerpo de la doctrina, hasta convertirla a veces en algo irreconocible. también podríamos hablar de las religiones ateas o agnósticas. La expresión, por paradoxal que ella aparezca a nuestros oídos de occidentales, no es tan impertinente. Buda, Lao Tsé o Confucio no son dioses, ni se reclaman a sí mismos de ninguna divinidad de ninguna revelación, de ningún creador personal trascendental. No son más que hombres libres, o liberados. no son más qué gente sabia o maestros espirituales.

Pero dejemos esto allí. Yo no soy ni etnólogo ni historiador de religiones. Yo me interrogo solamente, en filosofía, sobre la posibilidad de vivir bien sin religión. Esto supone que nosotros sabemos de lo que hablamos. Nosotros como personas necesitamos para esto una definición, puede ser aproximativa y provisoria. Citamos a menudo, porque es una definición aclaratoria, la queda Durkheim en el primer capítulo de “formas elementales de la vida religiosa”.
Una religión es un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas, quiere decir separado, prohibida, creencias y prácticas que se unan en una misma comunidad moral, llamada iglesia, y todos sus adherentes. Se podría discutir de ciertos puntos (lo sagrado no está solamente prohibido o separado, es también venerable, la comunidad de creyentes no es solamente una iglesia, etcétera), pero de todas maneras cómo orientación general. Podremos remarcar que no es cuestión expresamente de uno o de varios dioses.

Y es que en todas las religiones, constata Durkheim, no se venera de la misma manera por ejemplo jainismo qué es ateo, o el budismo, que es una moral sin Dios y un ateísmo sin naturaleza (la expresión citada por Durkheim, es de Eugène Burnouf, gran indianista del siglo xix). Todo teísmo es religioso, toda religión no es teísta. La definición de Durkheim, centrada sobre las nociones de sagrado y de comunidad, presenta entonces lo que se podría llamar en el largo sentido sociológico o etimológico, la palabra religión.

En dónde quién escribe se inscribe puesto que es mi historia, en un universo monoteísta, y especialmente en el campo de la filosofía occidental yo propondría un sentido más restringido, menos etnológico que teológico o metafísico, y qué haría con su ensamblaje del primero.
Una religión, en nuestros países, es casi siempre una creencia en una o varias divinidades. Si quisiéramos juntar estos dos sentidos, pero sin confundirlos esto daría la definición siguiente, qué vuelve a tomar y prolonga la definición de Durkheim dos puntos yo llamo religión todo conjunto organizado de creencias y de ritos soportado sobre cosas sagradas, sobrenaturales o trascendentes, y especialmente sobre uno o varios dioses es el sentido restringido, creencias y ritos que unen en una misma comunidad moral o espiritual entre los que se reconocen o lo practican.
¿El budismo original era una religión? ¿En ese sentido? no estoy seguro. El Buda no afirmaba la existencia de ninguna divinidad, y es dudoso que las palabras sagradas, sobrenaturales o trascendentales hayan correspondido, para él o para sus adeptos los menos supersticiosos, alguna realidad. Pero está claro que el budismo histórico en sus diferentes corrientes, se convirtió en una religión con sus templos, sus dogmas, sus ritos, sus plegarias, sus objetos sagrados o pretendidamente sobrenaturales.

La misma cosa, nos podríamos permitir decir del taoísmo o el confucianismo. ¡Qué sabiduría al origen! ¡Tantas supersticiones al filo de los tiempos! Las necesidades de creer tienden a llevar, casi en todos lados, el deseo de libertad. Lo mínimo que podríamos decir, es que el Occidente no se escapa de esto. También hubo escuelas de sabiduría. Pero que rápidamente sucumbiría por la religiosidad que ellas pretendieron, un tiempo, poner a distancia.

Fe y razón, muthos y logos coexisten y eso es lo que llamamos una Civilización. Nosotros, nuestro pueblo se ha nutrido, durante siglos, de trascendencia.¿Cómo entonces no podemos quedar marcados? El animismo en nuestro país ha muerto. El politeísmo corrió la misma suerte también, ¡y no tengo ninguna nostalgia! ¡Bien al contrario! es un primer paso, dice Max Weber, hacia la racionalización de lo real. La naturaleza está cómo vacía de Dios. Solo queda el vacío del desierto, como decía Alain “la formidable ausencia, presente por todos lados“. Está quedará bien viva. El judaísmo, el cristianismo y el Islam son evidentemente grandes religiones, en el sentido estricto que yo vengo a definir. Y son para nuestros países tres monoteísmos que mas importan.
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