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La utopía (P3) según el neuropsiquiatra



Durante un largo tiempo viví en Utopía. Frecuentaba a todos aquellos que como yo soñaban de habitar un no-lugar donde todas las almas serian perfectas. Este deseo del ideal, cortado de la realidad, nos daba un sentimiento de todo poderosísimo beato.
Anteriormente, esta vez sobre la tierra, había tratado de refugiarme en los sueños, con el fin de huir una realidad insoportable. En Utopía, era diferente, bastaba de concebir un ideal, y acto seguido de someternos a lo que veníamos de inventar. “sería maravilloso, decíamos, de vivir juntos en una ciudad pura, justa, sin jerarquía. Nuestras relaciones serian transparentes puesto que no tendríamos nada que ocultar, no tendríamos necesidad de secretos”.
En Utopía, pensábamos que aquellos que experimentan un mundo personal se des solidarizaban del grupo. Es de parte de ellos que llega la infelicidad puesto que resquebrajaban nuestra utopía. Todos iguales, todos perfectos, todos felices, la vida ya no es una aventura en un mundo en equilibrio. Sin historia, sin proyecto, ya no teníamos necesidad de dar sentido a lo que nos pasaba. La felicidad era tal, que por desgracia no nos pasaba nada.



No hay eventos en un mundo perfecto, es una no-vida antes de la muerte, así es que funcionan las sociedades totalitarias, donde toda tentativa de aventura personal, tales como el arte o la psicología, es considerada como blasfemia sobre el que ha concebido la ciudad ideal. El relato utópico es un enunciado de recetas de felicidad al que se le opone el romance confuso, profanado por problemas personales. Como discurso de niños, la utopía es una convicción, la sombra viene con la edad. Menos tenemos de conocimiento, mas tendremos de certitudes. En Utopía hay solo una representación del mundo: la del Jefe venerado, que quiere que el futuro cante y mil años de felicidad. Lo privado no existe en Utopía, puesto que en nombre de la moral debemos eliminar a los blasfemos. Hemos deportado, fusilado, torturado y reeducado a todos los que pretendían ser personas: el orden reinaba. Nosotros adorábamos al estado, el cual aseguraba nuestra beatitud, nosotros nos sometíamos con felicidad a ese que sabía todo. A cambio, él nos des responsabilizaba, lo que nos protegía de la culpabilidad y de la vergüenza. El hecho de ser iguales, relataban las mismas consignas, nos aba un delicioso sentimiento de pertenencia, lo que nos permitía destruir al otro con desenvoltura. Este es el porqué nosotros vivimos en un mundo sin otro, como los perversos. Es a nombre de la humanidad que nosotros hemos cometido crímenes contra la humanidad. Desde que volví de Utopía, yo no lo mas que autobiografías, romances inverosímiles y uno que otro enigma incierto.  Amo la culpabilidad que me hace sentir perverso. Las dudas me aseguran y me invitan a descubrir al otro. Finalmente, lo que es perfecto, es un alma imperfecta. Las utopías son mortales, en toda su inocencia. Pero nosotros no podemos vivir sin utopía. Como la estrella de Belén, que guiaba a los reyes magos, ella nos guía en la noche para atravesar el desierto. Para dar sentido a nuestra existencia, nos hace falta una historia, un contexto y una estrella para orientarnos. Sin utopías estaremos desorientados. Con utopía, somos mortales. Y entonces, utopía que estas en los cielos, quédate aquí. 

Sobre el autor

Boris Cyrulnik

Nació en el seno de una familia judía. Su padre fue ebanista que se alistó en la legión. Durante la Ocupación, sus padres le confiaron a una pensión para evitar ser detenido por los alemanes, pensión que lo terminó trasladando a la Asistencia Pública francesa. Posteriormente, fue adoptado por una institutriz bordelesa, Marguerite Ferge, que lo escondió en su casa, en Rue Adrien Baysselance. Pero, durante una redada policial, fue llevado por la policía con otros judíos a la sinagoga de Burdeos. Llegó a esconderse en los baños, evitando otras redadas, pues la policía conducía a los judíos a la estación de Saint Jean para ser deportados. Un día que se encontraba fuera de la sinagoga, una enfermera lo llevó oculto en una camioneta. Después comenzó a trabajar como mozo de granja con un nombre falso, Jean Laborde, poco antes de la Liberación de Francia. Sus padres, deportados, murieron durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la contienda fue recogido por una tía en París. Estas experiencias lo motivaron para estudiar psiquiatría.

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Comentario del libro

Atlas de las Utopias - Edicion 2017
Editor : Monde Hor serie (12 Enero 2017)
ISBN-10: 2368040633
ISBN-13: 978-2368040638




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