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Caminar sobre las piedras

A sugerencia de mi amigo F.R. y motivado por la masificacion, los puntos que tenemos en comun y que  tenemos en comun con todo lo que nos rodea, en honor a mi amigo F.R. caminar sobre las piedras camino recto, en espiral cuesta arriba, cuesta abajo sobre las piedras caminas tu, camino yo camino desnudo con una mochila de piedras caminas tu, camino yo camina el, ella, nosotros, vosotros, ustedes, ellos camino cargando piedras camino cargandome a mí cargandote a ti cada vez más liviano cuándo te cargo a ti, a el, a ella, nosotros vosotros ustedes es un acto masivo no hay tiempo ni lugar pero esta pasando no hay tiempo ni lugar pero ya pasó no hay tiempo ni lugar pero ya será la piedra está en la piedra tu pie está en el pie tu pie es la piedra y el camino es el camino tú eres el camino es masivo todos somos el camino todos somos piedra agua o luz como el mosquito de Violeta como el mosquito en la piedra

Utopias, La herencia griega Los primeros planes de un lugar que no existe (P7)

Desde la antigüedad la idea de una sociedad ideal alimenta las reflexiones de urbanistas y filósofos El término utopía es una paradoja, inexistente en el idioma griego y, sin embargo, se formó en sus raíces. Este neologismo se deriva de la asociación entre la negación o la palabra topos (el lugar): la utopía es etimológicamente un "lugar de la nada", el país que no existe. Sin embargo, a pesar de que el término permanece ausente del vocabulario griego, el concepto de utopía ya existía, porque junto con los mitos de la edad de oro, los autores antiguos habían elaborado reflexiones urbanísticas y tratados filosóficos sobre sociedades ideales. Algunos historiadores han asociado el mito de la edad de oro, expuesto por el poeta Hesíodo a fines del siglo VIII a. JC en su teogonía, el cual da cuenta de una utopía. Porque en los albores del universo, los hombres compartían la vida de los dioses con total descuido. Las plantas crecían espontáneamente, y los hombres, a salvo de los mal

La utopía según el escritor (P6)

No nos basta con concebir otro mundo posible, hay que localizarlo. Las utopías, subgénero literario que existía antes incluso de ser bautizados así por el humanista inglés Thomas More en 1516, han consistido en la descripción de esos lugares, donde una sociedad alternativa, una sociedad soñada o de pesadillas, podría ser proyectada. Contrariamente a lo que deja entender la etimología, no se trata de “no lugar” u-topía absoluto sino que de un lugar concreto que sabemos que existe, entonces podemos situar sus límites, pero que la mirada de nuestro mundo, de nuestra civilización, no ha podido llegar. Con More, por ejemplo, con el afán de preservar el misterio de localización exacta de la isla, al personaje Raphael le da una tos, al momento de dar la información que en ese momento era secreta. Esos artificios narrativos aparecen seguido en las utopías, dónde sin embargo podemos tentar una suerte de cartografía. Los autores de utopía no los han emplazado en cualquier parte, siempre lo han

SLEED Esa asfixia donde nacen los sueños (1)

Ver en nosotros, en lo más profundo de nosotros, cuando nos retiramos del mundo durante el sueño en esa larga deriva, cuando la conciencia parece abandonarnos en la obscuridad de la noche y ver surgir una conciencia alternativa en las alucinaciones de los sueños. Vivimos entonces aventuras excepcionales, imágenes visuales intensas surgen en nosotros, estamos invadidos por nuestras emociones y cuando nos acordemos al despertar de nuestros sueños, estos serán los recuerdos de un mundo extraño, un mundo donde el tiempo es un otro tiempo o la causalidad escapa a la causalidad de nuestro estado de vigilancia, la lógica es otra lógica un mundo donde nos zambullimos sin cesar noche tras noche, un mundo que nos habla de nosotros, pero no en la lengua de la luz del día sino que una lengua que corresponde al secreto. Corremos, volamos mientras estamos inmóviles. Vemos mientras nuestras pupilas están cerradas. Interactuamos con otros en ausencia de esos otros. Todas las noches, todas las noch

EEAA#3 Podemos renunciar a la religión? testimonio

¿Podemos renunciar a la religión? Esto depende de quién es ese nosotros, ¿si se trata de individuos? entonces, yo no puedo más que aportar con mi propio testimonio de religión por lo menos, yo renuncio en todos lados! yo sé de lo que hablo, porque en todo caso puedo compararlo. Yo no fui solamente criado en el cristianismo, yo creí fuertemente en dios, con una fe bien viva, que atravesaba las dudas, hasta más o menos los 18 años. En ese momento yo perdí la fe, y fue como una liberación, todo parecía ser más simple, más ligero, más abierto, más fuerte! Era como si yo saliera de la infancia, de sus sueños y de sus espantos, ese sudor frío, como si finalmente estuviera entrando en el mundo real, el de los adultos, el de la acción, el de la verdad sin perdón y sin la Providencia. ¡Qué libertad! ¡Qué responsabilidad! ¿Qué júbilo? SÍ, tengo la sensación de vivir mejor, más lúcidamente más libremente, más intensamente, ya que soy un ateo. Esto, sin embargo, no puede ser considerado como

Lo propio del hombre

La semana pasada, en la primera emisión, fuimos al descubrimiento de la revolución darwiniana. Esta revolución ha cambiado profundamente nuestra representación del universo y nuestro lugar en el universo. Esta revolución nos ha hecho parientes de pájaros y árboles, peces y flores y más tarde parientes de las estrellas. Hemos visto que la dimensión más profunda de esta revolución, la más sorprendente, se refería al origen y nuestra relación con los animales. Esta fue la causa de la brecha, el conflicto entre los dos co-descubridores de la moderna teoría de la evolución de la vida, Charles Darwin y Alfred Russel Wallace.  En el gran libro que Darwin publicó a la edad de 62 años, y donde aborda la cuestión del origen del hombre, "La genealogía del hombre", explora en el mundo animal, los primeros frutos, las semejanzas, las reflexiones, de nuestras propiedades más humanas, lo que hoy llamamos lo propio del Hombre. No solo emociones como la alegría, la angustia, el a