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La utopía un himno a la humanidad futura - Michel Riot Sarcey (P5)



Doctrina, género literario, predicción mesiánica… la utopía es política. Prefigurando otro mundo posible, dando vuelta la organización social, ella es desde siempre incompatible con el orden existente, cualquiera que este sea.

Desde que la palabra existe, la utopía se regenera renovando el “principio esperanza” (Ernst Bloch) y representa una forma de idea social. Por lo tanto bien a menuda termina dando miedo. Forjada en 1516 por el inglés Thomas More (1478-1535), la palabra, difícil de traducir, juega deliberadamente el equívoco y la pluralidad de sentidos. Entre lugar (topos) de ninguna parte y de ningún tiempo (u, prefijo privativo) y el lugar de la felicidad donde todo va bien, la idea escapa a todos lo que tendrían la voluntad de fijar la existencia en un espacio y en una temporalidad cualquiera que sea.

La utopía, nacida de una astucia de su autor, sabiendo jugar con las palabras griegas, se escapa también de la censura de la época. Como arte de escritura, la utopía derrota al lector, lo obliga a pensar y a encontrar a solas la buena definición. En efecto, la isla Utopía es el reflejo inverso de la Inglaterra de Henri VIII. La fábula permite a MORE de prefigurar, bajo forma de relato de viaje, un mundo diferente donde otro mundo es posible.
En el siglo XIX, época de positivismo triunfante, las ciudades ideales de los antiguos figuran entre los ancestros de utopías reformativas/ de la republica de Platón (427-347 AC) a la ciudad de dios de Agustín (354-430). A la vez cercano de ideas lejanas en sus objetivos, estas construcciones difieren de las utopías modernas. En efecto, mientras que Platon busca, en su discurso, de hacer entender una crítica de la democracia de su tiempo, Agustin se aventura a construir la ciudad celeste, distante de la Iglesia establecida bajo el imperio romano. Silos antiguos estaban preocupados de transmitir una experiencia individual o colectiva a sus descendientes y si los griegos amaban experimentar en la política, la idea de una sociedad diferente estaba apenas presente en su psique.


La ficción que emana de la utopía, construye por la crítica y la imaginación una nueva sociedad, con la ayuda de los saberes del tiempo o de sus desvíos

Diferentemente, la idea de un devenir de la humanidad pertenece plenamente a los Modernos. Modelo que sobrepasa lo real y hace temer lo peor, la utopía se convierte rápidamente en un modelo de pensamiento: medio de apaciguar los temores y así fomentando las fantasías. Identificada como ideal, sueño, quimera y después mito, la utopía fascina. Esto pudo ser una doctrina donde tememos los efectos sociales: tal es la profecía milenarista de Tomas Munster (1489-1525) contemporáneo de Tomas More, la profecía acompaña la guerra de los campesinos alemanes quienes fueron reventados en 1525,  después de ser repudiados por Martin Lutero (1483-1546), padre fundador de la Reforma protestante.
Del mesianismo al espíritu de la reforma
Doctrina, género literario o proyecto reformador, la utopía extrae siempre su inspiración de lo real. La ficción que emana de esta no cesa de construir, por la crítica y la imaginación, una nueva sociedad, con la ayuda de los saberes de su tiempo o sus desvío: “la nueva Atlántida” de Francis Bacon 1561-1626) es un ejemplo. Predicción mesiánica, al encuentro de la sociedad, la utopía puede ser también un modo de resistencia a los poderes establecidos. “La ciudad del sol” de Tomasso Campanella (1568-1639), imagen perfecta del universo, es dirigida por un monarca filosofo; de su prisión el autor dirige su discurso, en forma de relato de viaje, en respuesta a las torturas sufridas después de la fallida insurrección de Calabria contra los ocupantes españoles. En la ocurrencia, el ideal y lo real son estrechamente ligados.
El siglo de las luces y la revolución francesa marcan una ruptura, las perspectivas mesiánicas, teológicas o metafísicas se desdibujan en desmedro del espíritu de la reforma. Los proyectos de paz perpetua de la abadía de san Pedro (1658-1743) y después de Emanuel Kant (1724-1804) modificaran las proyecciones de un mundo, con el fin de mejorar aquí y ahora, las relaciones entre los seres humanos. Sin duda El Esquicio De Un De Un Cuadro Histórico De Progreso Del Espíritu Humano de Condorcet (1743-1794) que da a Principio Esperanza de Ernest Bloch (1885-1977) el tono más moderno de creencia en el progreso. Escrito en la época de cambios revolucionarios (Napoleón, independencia de las colonias, sublevación obrera), en un tiempo de desestabilización del mundo real, más allá a la persona que este fue, uno de los primeros republicanos, este texto es un himno a la humanidad futura. Una humanidad compuesta de hombres y de mujeres que deberían llegar a la perfección.
Las más conocidas doctrinas utópicas son pensadas, escritas y propagadas en la primera mitad del siglo XIX. Sus principales autores, bien a menudo caricaturizados, se perciben como iniciadores de reformas y buscan poner en obra sus propósitos, de tan convencidos que están de la viabilidad de su pensamientos. Auténticos reformadores a los ojos de sus contemporáneos más vanguardistas, el conde de Saint-Simon (1760-1825), Charles Fourier (1772-1837), Robert Owen (1771-1858) serán para mala suerte de ellos, como los fundadores del socialismo utópico, según la clasificación de Friedrich Engels (1820-1895) que los opone, al fin del siglo XIX, al socialismo científico. Pero según Saint-Simon, la utopía designa de manera inversa, la incertitud de los contemporáneos frente a la necesidad de realizar un “proyecto de perfeccionamiento del orden social”. Este disponía el trabajo al centro de la modernidad y del progreso industrial, q condición de preocuparse de “la clase más numerosa y la más pobre”. Sus discípulos estuvieron al origen de la idea de la mujer libre en los años 1830, y su influencia traspasó grandes fronteras.

Feminismo e idea de comunidad
Reconocidos como precursores de la revolución industrial y de la banca los Saint-Simonianosentraron en la Historia, mientras que sus extravagancias “utópicas” hayan sido atribuidas inmediatamente al espíritu de los años 1830, al curso de los cuales, la población pudo creer durante un tiempo en la emancipación del pueblo y la mujer.
Charles Fourier, el mismo fue considerado durante mucho tiempo como el padre del feminismo (el neologismo aparece a finales del siglo XIX), él que, en 1808 estaba que las civilizaciones no progresarían si no es en función del acceso de las mujeres a la libertad. Junto con sus discípulos, su espíritu inventivo traspasa toda racionalidad aparente a partir de una idea moderna, a remarcar: el considera el trabajo no como una maldición, sino como un placer o una pasión. Durante ese tiempo en Gran Bretaña, Robert Owen goza de un excepcional renombre. Todos quieren visitar su fábrica de New Lanark (1820-1825), en Escocia, donde él se encarga de la educación de los niños y al mismo tiempo mejorando las condiciones de trabajo de los obreros. Su popularidad declina con el tiempo cuando él se entrega al fanatismo religioso. El continua siendo popular para las clases obreras inglesas, hasta su muerte. Padre fundador de las cooperativas de producción, también le debemos la idea de comunidad.
En el siglo XX, la utopía pareciese haber perdido su encanto. El pensamiento liberal atribuye el mote de utópico al comunismo “realmente existente”, como si los temores anunciados por los portaestandartes del conservadurismo se realizasen en la “dictadura del proletariado”, o más precisamente en la deformación radical de la idea de Karl Marx (1818-1883). El modelo organizado parece triunfar en su aspecto vinculante, jerárquico y por sobre todo, represivo.
Sin embargo la utopía, en su principio, es incompatible con el orden existente, cualquiera que sea. Distante del comunismo de los años 1840, donde el sentido de comunidad, el reparto de bienes y tareas colectivas estaban asociadas a la libertad individual, las organizaciones partisanas, después de la revolución de 1917 particularmente,  convertirían el espíritu utópico en organización despótica, hasta el punto que la idea se convierte en la sinónimo de totalitarismo. A pesar de la muerte proclamada de las utopías con la caída del muro de Berlín, en 1989, la idea resurge con el espíritu de esperanza de sus primeros adeptos, particularmente en inicios del siglo XXI.

Michèle Riot-Sarcey, nacida en 1943, es profesora emérita de historia contemporánea e historia del género en la Universidad Paris-VIII-Saint-Denis, activista e historiadora del feminismo, la política y las revoluciones del siglo XIX. 

Comentario del libro

Atlas de las Utopias - Edicion 2017
Editor : Monde Hor serie (12 Enero 2017)
ISBN-10: 2368040633
ISBN-13: 978-2368040638


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